El trabajo precario y la cultura del “hustle”
Recientemente se publicó un artículo en El New York Times titulado “La desgracia de los milénials que #AmanSuTrabajo.” Dicho artículo reseña las características más sobresalientes de la cultura del “hustle” (trabajar más duro): la ambición como un estilo de vida, la glorificación de la adicción al trabajo (“workaholism”) y la productividad como religión. Éstas características se han convertido en algo natural de una generación que ha internalizado y normalizado el mercantilismo, el capitalismo y el neoliberalismo. Esta devoción a la cultura de “hustle”, según la autora, funge como mecanismo de defensa para una generación con deudas exorbitantes de préstamos estudiantiles que terminaron en trabajos precarios con salarios que no son dignos ni vivibles. Otro punto interesante del artículo es el sentimiento de culpa que siente nuestra generación por tomarse tiempo libre ya que no es rentable (no produce ningún beneficio monetario o lo que llaman en inglés “return on investment”).
El objetivo número 8 de desarrollo sostenible de la Organización de las Naciones Unidas es “promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos/as.” Sin embargo, en EEUU, el salario mínimo no ha incrementado desde el 2009 y conocemos que es un salario precario ($7.25 por hora). ¿Qué hacer ante este panorama de clara explotación y burnout? En Europa han surgido propuestas para reducir la semana de trabajo de 5 días a 4. En Puerto Rico, la Junta de Control Fiscal propone reducir el salario a $4.25 la hora promoviendo aún más empleos precarios sin beneficios esenciales (y derechos adquiridos tras años de lucha sindical) como plan médico, seguro social ni sistema de retiro. Este artículo nos plantea un reto crucial: o adaptarnos a la cultura de la devoción al “hustle” y empleos precarios cuyas ganancias monetarias se concentran en las manos de unos pocos/as o resistir y plantearnos que otro mundo es posible.
En fin, esto es un asunto de derechos humanos. El derecho a un trabajo y salario digno, el derecho al tiempo de ocio/tiempo libre, el derecho a vivir. Si bien es cierto que el trabajo dignifica y le da sentido a nuestras vidas, ¿por qué debemos conformarnos con ésta cultura de pretender devoción al trabajo 24/7? ¿Por qué no exigir mejores salarios y un mejor “work-life balance”? ¿Tendremos que cambiar nuestro sistema-mundo económico o podemos canalizar estos reclamos a través de colectivos sindicales dentro del propio sistema?
Aunque vivimos en una sociedad acelerada gracias a la tecnología y medios de comunicación, que de manera instantánea nos mantiene al día con lo que acontece dentro y fuera de Puerto Rico. No es saludable tanto físico como mentalmente llevar una vida laboral desde ese estilo acelerado, duro, conectado prácticamente 24/7 solo en que hay que trabajar. Tristemente muchos jóvenes están rigiendo su vida de esa manera solo para poder sobrevivir día a día con su situación económica, financiera y responsabilidades personales. A esto hay que añadirle que muchos de estos jóvenes no tienen un trabajo, sino dos y tres trabajos al mismo tiempo, e inclusive cursando estudios universitarios. Peor aún es saber que sus sueldos son a base del salario mínimo. Salario que no paga lo suficiente para poder llevar tan siquiera una vida digna. El mal sueldo, las presiones labores, la precariedad en las condiciones de trabajo, la inestabilidad e inseguridad de mantener un trabajo, la situación de país son elementos estresores que siguen lacerado la salud física y mental de la población trabajadora del país. Todas esas condiciones provocan que siga el aumento de trabajadores y profesionales con el síndrome de burnout. Tenemos mucho que aprender y adoptar de políticas laborales de países como Alemania, Italia entres otros países, donde se valora las buenas condiciones de trabajo en todas sus dimensiones.
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ReplyDeleteDebemos destacar cómo la precariedad laboral afecta la profesión del Trabajo Social. Actualmente, podemos encontrar a muchos profesionales cobrando un salario mínimo de $7.25 la hora en un puesto como trabajador/a social (TS). Tenemos agencias y organizaciones contratando trabajadores/as sociales en una posición con el título de manejadores de casos, técnicos sociales, coordinadores de caso, entre muchos otros nombres que escuchamos ejerciendo roles de TS. Esto seguramente para pagarle menos de lo que debería cobrar un trabajador/a social. Incluso, en su mayoría les exigen el diploma de trabajo social, la licencia y colegiación al día, pero su puesto en la entidad no es reconocido como tal. De forma que, vemos cómo esto contribuye a que los/as TS que pertenecen a la generación milenial acepten estás condiciones de trabajo, las cuales desde el neoliberalismo desprofesionalizan el Trabajo Social. ¿Para qué? ¿Para aumentar las las condiciones laborales precarizadas? Si hiciéramos una encuesta y analizaramos cuántos de estos profesionales hoy día sufren del llamado síndrome del "Burnout". Jóvenes adultos que comienzan en este tiempo a ejercer la profesión, salen de sus bachilleratos para no encontrar una experiencia laboral real. Al querer continuar una maestría, deben recurrir a dos y tres empleos, porque el suyo como manejador de caso, en el cual debe viajar la Isla y costear su gasolina y comida, no le permite estudiar y vivir. Es triste la realidad que hoy día, los trabajadores sociales estamos enfrentando a causa del neoliberalismo.
ReplyDeleteLos derechos laborales en peligro de extinción ante la cultura “hustle” de los milénials. Así lo veo dentro de un futuro no muy lejano. Las nuevas modalidades de trabajo, en esta generación y las siguientes, están poniendo el riesgo los derechos laborales por los cuales se han dado movimientos sociales en la implementación y la defensa de éstos. No se van a encontrar trabajos seguros, justos y enfocados en los derechos de la fuerza trabajadora. La protección y los derechos irán desapareciendo, dando paso a la explotación y opresión por parte de los patrones. Obligando a aceptar trabajos precarios, que violenten el derecho de obtener un trabajo digno, sin tener opciones legítimas para elegir.
ReplyDeleteSe está perdiendo esa visión de un trabajo defendido por un colectivo, para desarrollar e implantar una visión de trabajo individualista, en donde se invisibiliza al otro y a los otros. Estamos frente a una generación que no se encuentra preparada para su futuro o una visión de visión más allá de momento, del ahora. Lo que puede tener implicaciones muy alarmantes, en si están conscientes o preparados para cuando les toque retirarse por edad o por alguna condición que les incapacite laborar.
Una generación que se ha criado y crecido dentro del sistema capitalista maduro, en donde el mercado está imponiendo las necesidades artificiales que necesitamos para subsistir; las formas de consumo y las deudas a tan temprana edad, es alarmante. Levanta una alerta a aquellos, quienes todavía creemos que los derechos por los que muchas y muchos murieron deben ser defendidos, cueste lo que cueste. No se puede permitir que el mercado y el sistema capitalista dirija nuestras formas de vivir.
ReplyDelete¡Muy interesante traer a discusión otros puntos de vista! Quisiera mencionar que no solo es importante que podamos legislar por mejores condiciones de trabajo sino que debemos de tener la valentía de desobedecer y atrevernos a co-crear las propias condiciones que deseamos. Plantearnos juntos como equipo de trabajo mejores condiciones, integrar el valor de la solidaridad y sobretodo de pensar colectivamente. Hay que atrevernos a unirnos, a cuidarnos y protegernos como trabajadores sin dejar de centrarnos en nuestros participantes. Y sí es posible. Hasta en los espacios más rígidos. ¿Pero cómo nos sentamos a dialogar de esto como trabajadores? ¿Cómo trabajamos con los que están ultra esclavizados a esta estructura inhumana y se sienten intimidados? ¿Cómo los sumamos y no los restamos? Me gusta mucho pensar en el ejemplo de Italia. Italia es uno de los países con mayor producción y sin embargo, las condiciones de trabajo son bien vanguardistas e humanitarias en comparación con las de Estados Unidos y Puerto Rico. El tiempo de óseo es como una prioridad, es decir, la unificación de la familia y las parejas es fundamental para ellos. Entienden que logran así que sus trabajadores estén más contentos.
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ReplyDeleteEs increíble ver lo internalizado que los y las jóvenes de este país tienen esta percepción de vida. Trabajar todos los días, un salario precario, sin beneficios, entre otras cosas. Sin embargo, veo como lo aceptan, no se quejan, pero si alguien piensa lo contrario es un vago que no puede con la vida y que necesita todo gratis. No, esto va más allá. No tenemos tiempo para socializar, no tenemos tiempo para divertirnos, no tenemos tiempo para estudiar, lo único que importa aquí es ir a trabajar, cobrar, pagar las deudas y repetirlo. Los y las jóvenes se critican entre ellos y ellas mismas por quién trabaja más, quién tiene más trabajos, si unos pueden otros también, pero no hay forma de que vean lo contrario y ahí está mi mayor miedo. Es una generación completa la que está sufriendo estos ataques del capitalismo y neoliberalismo, que hace ver esto como correcto, pero esto puede seguir de generación en generación lo cual sería algo complicado por la desigualdad que se seguirá sumando al país. Hay que comenzar a educar sobre este problema mediante charlas, talleres, actividades, que le hagan entender a esta generación que sí existe una mejor calidad de vida, que no deben tener miedo al cambio y que el trabajo no los todo en la vida.
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