Del hambre, la pobreza y otros demonios
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Foto: Getty Images-2018
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El ritmo de evolución que durante los últimos cien
años ha experimentado el planeta podría hacernos pensar que un problema tan
grave como el hambre encontraría solución en los avances tecnológicos que han
ido penetrando todas las esferas sociales. Pero la realidad, es que lejos de
solucionarlo lo ha impactado, al punto de afectar a más de 821 millones de
personas, quienes actualmente no cuentan con la ingesta de alimentos
suficientes como para satisfacer las necesidades nutricionales básicas de su
cuerpo. Literalmente miles de personas alrededor del mundo diariamente mueren
de hambre mientras las grandes multinacionales que tienen en sus manos el
control y producción de los alimentos siguen aumentando sus caudales. Por ello
es necesario pensar en este flagelo no solo desde la perspectiva de la
población mundial versus la capacidad de producción de alimentos, sino también
desde el punto de vista de la desigualdad social.
Una de las primeras
personas que vislumbro el hambre como un problema que debía ser atendido con
prontitud fue el economista británico Thomas Robert Malthus, quien en el siglo
XVIII ya identificaba el peligro del aumento de la población y la pérdida de la
capacidad de la tierra para producir alimentos a la misma velocidad de
crecimiento de la población. Sin embargo, Malthus también estudio la
desigualdad económica, la miseria y la pobreza de las clases trabajadoras
relacionándola con el crecimiento del capitalismo. Toda su preocupación,
proyección y análisis fue recogido en un libro llamado “Ensayo sobre el
Principio de Población”( https://www.youtube.com/watch?v=kwsIrPhtoeM) , en el cual
afirmaba que era necesario buscar un equilibrio entre la población mundial y la
disponibilidad de alimento y que ese equilibrio solo lo daba la muerte. Con una
actitud poco compasiva, Malthus entendía que las epidemias no eran en sí mismas
un problema, sino una solución para eliminar a los pobres. Con esto se evidencia la vulnerabilidad que
siempre han padecido los países, regiones o comunidades mas pobres en ser
victimas del hambre y la malnutrición.
En atención a este problema social de hambre en el
mundo se ha creado la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación
y la agricultura, FAO (por sus siglas en inglés) cuya misión es asegurar que
las personas de todo el mundo tengan acceso a alimento de buena calidad,
erradicar el hambre y la malnutrición a través de estrategias que buscan la
eliminación de la pobreza y el impulso de progreso económico y social para
todos. Además, asegura su página web, que busca la ordenación y utilización
sostenible de recursos naturales, tales como la tierra, el aire, el agua y los
recursos genéticos. Según nos expone en su página, la FAO desarrolla métodos y
normas para las estadísticas alimentarias y agrícolas, ofrece servicios de
asistencia técnica y difunde datos para la vigilancia global. La FAO también desempeña un papel fundamental
en la recopilación global, procesamiento y difusión de estadísticas sobre
alimentación y agricultura, y facilita el desarrollo de la capacidad estadística
básica de los países miembros.
De acuerdo con los datos estadísticos de la FAO
existen alrededor del mundo 821 millones de personas que padecen de hambre en
el mundo por falta de acceso a alimentos que les permitan llevar una vida digna
y saludable. Aunque si bien es cierto, que es una cifra alarmante también es
cierto que ha disminuido en 30 millones aproximadamente en comparación con este
mismo informe para el año 2013. No
obstante, aunque celebramos la disminución del hambre en el mundo, ya para el
año 2014 esos indicadores empezaron a elevarse en términos de porcentajes y
número absoluto de población. Para la FAO, la meta es que para el 2030, podamos
poner fin al hambre y garantizar el acceso de todas las personas, en particular
a los pobres y a las personas en situaciones vulnerables, incluidos los
lactantes, a alimentos seguros, nutritivos y suficientes durante todo el año.
En el caso de América Latina y el Caribe también se ha
hecho una disminución de cifras, específicamente 3 millones aproximados menos
de personas padeciendo hambre en los últimos treinta años, por lo que
constituye una región que está luchando por alcanzar la meta. Por esto es que
en América Latina y el Caribe se hace necesaria, la presencia cada vez más
sólidas y definidas, de políticas sociales que aseguren unas transformaciones
institucionales y políticas públicas que tienden a fomentar los niveles de
equidad y distribución justa de los bienes, servicios y riquezas. De acuerdo con
la tabla de Prevalencia de la desnutrición en el mundo, publicada en el “2018,
The State Food Security And Nutrition In The World”, en America latina han
disminuido de 59.1% a 39.3%; así mismo, en el Caribe las cifras de desnutrición
han descendido del 23% al 16.5% en los últimos entre el 2005 y 2017. Sin
embargo, a pesar de tal contradicción, las cifras de hambre en el mundo han
aumentado significativamente a partir del 2014. Tal como indica la Revista
“Dinero” , “por tercer año
consecutivo han aumentado las cifras del hambre en América Latina y el
Caribe", elevando a 39,3 millones en América Latina, dijo el director
regional de la FAO, Julio Berdegué, en la presentación del Panorama de la
Seguridad Alimentaria y Nutricional 2018, elaborado por cuatro agencias de la
ONU. El 7,9% de la población de la región y del Caribe se encuentra en
inseguridad alimentaria grave, lo que significa 47,1 millones de personas, casi
cinco millones más que en el trienio anterior, alerta el informe, de las que 29
millones están en Sudamérica.
Así mismo sostiene que, Venezuela lidera el
crecimiento de las personas subalimentadas, con 3,7 millones (11,7% de la
población), seguido por Argentina y Bolivia, donde el incremento fue de 0,1% en
ambos países. Solo Haití, México, Colombia y República Dominicana redujeron el
hambre desde 2014. Otros once países siguen sin cambios, entre ellos Costa
Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras o Perú. Solo Brasil, Cuba y Uruguay
tienen porcentajes de hambre inferiores al 2,5% de su población. Sin embargo, a
pesar de la disminución de las cifras de personas que padecen hambre en algunos
países de América Latina y el Caribe, estas cifras no están estandarizadas.
Existen cambios estadísticos para los países que las conforman ya que, entre
ellos entre los más rezagados, de acuerdo con las tablas emitidas en el informe
del 2013 por la FAO, se encontraban Haití, con un 49.8%, Guatemala con un
30.5%, Paraguay 22.3%, Nicaragua 12.7% y Bolivia 21.3%. Por otra parte, al
analizar las cifras individuales solo del Caribe vemos como Antigua y Bermuda
bajaron sus índices de hambre de 42% en el 2000 a 13.9% en el 2013; siendo
Haití el de menor disminución en la Región Caribe con un 52.9% a 49.8% e
irónicamente uno de los países que ha logrado mantener la reducción de sus
tasas al 2018.
Así notamos que los
ingresos y el desarrollo económico de cada país está estrechamente ligado a los
niveles de seguridad alimenticia de una sociedad, por lo cual si se quiere
eliminar el hambre necesariamente se debe eliminar la pobreza, o al menos,
asegurar un ingreso mínimo monetario a cada familia, o bien unos sistemas de
bienestar social que les aseguren la ingesta de la cantidad mínima de
nutrientes que el ser humano necesita para tener un desarrollo adecuado, tanto
física como mentalmente. A pesar de la crisis económica experimentada a nivel
mundial en el 2008, aun así, los resultados son muy alentadores. Uno de los más
grandes avances en la búsqueda de la erradicación de ambos flagelos, tanto el
hambre como la pobreza es la implementación por parte de los gobiernos de los
comedores escolares, sumada al incremento de educación, información y
capacitación de la población, se asegura que la comunidad escolar tenga un
mejor consumo de alimentos, inclusive cuando la crisis económica mundial del
2008 estaba socavando la estabilidad económica de los países miembros.
Aunque culturalmente son muchas las características
que nos unen como latinoamericanos, existen diferencias entre los consumos
alimentarios, por eso existen también en diversas proporciones los tres
cultivos principales a nivel mundial (trigo, arroz y maíz), y los tubérculos y
raíces, en particular la papa. Mantener una buena alimentación requiere
entonces la participación de una dieta balanceada que más allá de las
características socioculturales depende en gran medida de las circunstancias
económicas. Esto va frecuentemente ligado a la raza y el género, ya que las
comunidades pobres se concentran en mayor medida entre los negros, tanto a
nivel mundial, como en el Caribe. A su vez dentro de estas comunidades
marginadas se discriminan también a las mujeres, quienes mayormente presentan
los índices más elevados de pobreza y malnutrición, al igual que sus hijos
pequeños o en crecimiento.
Referencias
Oliveira, R. [Ricardooliveira]. (2016, 09, 19). Teoría del Malthus. Recuperado de
https://www.youtube.com/watch?v=kwsIrPhtoeM
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la
Agricultura. (2018). Seguridad
alimentaria y nutrición en el mundo:
Aumenta el hambre. (2018).
Recuperado
Revista Dinero. (2018, Noviembre 7). Las desigualdades aumentan el hambre y la obesidad

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